
Peter Kroll
Country Manager México

Peter Kroll
Country Manager México
En pocas semanas, México será sede de uno de los eventos más vistos en la historia de la humanidad. El Mundial de Fútbol 2026 —compartido con Estados Unidos y Canadá— va a poner a este país bajo un escrutinio global que pocas veces ocurre. Millones de personas van a llegar, a transmitir, a consumir, a opinar. Y la infraestructura tecnológica del país va a ser evaluada, en tiempo real, por el mundo entero.
Eso me parece una oportunidad extraordinaria. No para el turismo ni para la imagen país, aunque ambos importan. Sino para una conversación que México necesita tener con más urgencia que un estadio lleno: la conversación sobre qué tan preparada está la infraestructura digital del país para lo que viene después del Mundial.
Visitantes internacionales esperados en México durante el Mundial.
Impacto económico estimado para México en 2026.
De empresas mexicanas planean aumentar inversión tech en 2026.
Lugar de México en adopción de IA en América Latina.
Lo que un Mundial le exige a la infraestructura tecnológica de un país
Cuando Alemania, mi país natal, organizó el Mundial 2006, el evento aceleró de forma significativa la modernización de la infraestructura de telecomunicaciones del país. Cuando Brasil organizó en 2014, la presión del evento expuso brechas digitales que llevaron años sin atención y que el escrutinio global hizo imposible ignorar.
México tiene la oportunidad de estar más cerca de Alemania que de Brasil en esa dicotomía. Pero requiere que las organizaciones, tanto públicas como privadas, entiendan que el Mundial no es el destino. Es la fecha límite.
Las empresas de telecomunicaciones, las aerolíneas, los bancos, las cadenas hoteleras, las plataformas de movilidad y los servicios de gobierno digital van a operar bajo una carga de usuarios y transacciones que en algunos casos triplicará sus picos históricos. Los sistemas que no estén preparados no van a fallar silenciosamente. Van a fallar en vivo, frente a una audiencia global.
Eso, para cualquier CIO o Director de Tecnología en México, debería ser la motivación más poderosa para acelerar proyectos de modernización.
La oportunidad real: lo que queda después del pitazo final
Los eventos deportivos globales tienen algo en común que rara vez se discute en los análisis económicos: la infraestructura que se construye para recibirlos no desaparece cuando el evento termina.
Las redes de conectividad que se refuerzan para el Mundial van a servir a las empresas mexicanas durante la próxima década. Los sistemas de atención al cliente que se modernicen para manejar el pico de demanda van a operar más eficientemente para siempre. Las plataformas de datos que se implementen para gestionar la experiencia del visitante van a generar inteligencia de negocio que trasciende el evento.
Según IDC México, el 73% de las empresas del país planea aumentar su inversión en tecnología durante 2026. El Mundial es, en parte, el catalizador de esa decisión. Pero el destino de esa inversión, si va a generar valor duradero o si va a ser gasto de emergencia sin arquitectura, depende de las decisiones que se tomen ahora.
Las organizaciones que aprovechen este momento para modernizar infraestructura crítica, implementar analítica de datos en tiempo real y adoptar soluciones de IA que mejoren la experiencia de sus clientes no solo van a sobrevivir el Mundial. Van a salir de él con una ventaja competitiva sobre las que reaccionaron en lugar de anticipar.
México tiene todo para ser potencia tecnológica regional
Llevo años operando en México y hay algo que me queda cada vez más claro: este país tiene los ingredientes para convertirse en una referencia tecnológica en América Latina. Talento técnico de primer nivel, una economía que es la segunda más grande de la región, una posición geográfica que lo convierte en el puente natural entre Norteamérica y Latinoamérica, y un ecosistema empresarial que está, de forma creciente, dispuesto a apostar por la transformación digital.
Lo que falta no es potencial. Es velocidad de ejecución.
El Mundial 2026 es, entre otras cosas, un argumento poderoso para acelerar esa ejecución. Para que el CIO que lleva dos años proponiendo migrar a la nube finalmente tenga la urgencia que necesitaba. Para que el Director General que postergaba la modernización del ERP encuentre la fecha concreta que le da sentido a la decisión. Para que las organizaciones que sabían que tenían que cambiar, pero no cuándo, encuentren en este evento la respuesta.


