
Harold Alfaro
Managing Director, Novacomp

Harold Alfaro
Managing Director, Novacomp
Hay una tensión que cualquier organización madura enfrenta cuando decide transformarse: ¿cómo cambiar lo suficiente para seguir siendo relevante sin perder lo que la hace valiosa? Es una tensión genuina, y no tiene una respuesta simple.
En Novacomp la vivimos de cerca en los últimos dos años, mientras tomábamos la decisión de reorganizar toda nuestra propuesta de valor alrededor de la inteligencia artificial. Y lo que aprendimos en ese proceso es que la reinvención y la continuidad no son opuestos — son complementarios, si se gestionan bien.
Cuando hablo con líderes tecnológicos en América Latina que trabajan con Novacomp, lo que más valoran no es siempre nuestra capacidad técnica, aunque esa es la base. Es la confianza que se construye cuando una firma ha acompañado a su organización en múltiples ciclos de transformación: la migración a la nube de hace diez años, la implementación de ERP de hace quince, la transformación digital de hace cinco.
Esa historia compartida tiene un valor que ninguna firma nueva puede replicar. Conocemos el contexto, conocemos las personas, conocemos los procesos y conocemos los errores del pasado. Eso no es nostalgia, es inteligencia contextual. Y en proyectos de IA, donde el conocimiento del negocio es tan crítico como el conocimiento técnico, esa inteligencia contextual puede ser la diferencia entre un proyecto que escala y uno que no.
Una de las cosas que más me ha sorprendido del proceso de transición AI First es que las mejores ideas no vinieron de fuera, vinieron de adentro. Consultores que llevan años trabajando con clientes en banca, manufactura o retail, que conocen sus sistemas, sus datos y sus dolores, y que empezaron a ver con claridad dónde la IA podía hacer algo que antes era imposible.
Eso es innovación que nace del conocimiento profundo y es mucho más poderosa que la innovación que nace de seguir tendencias. Porque parte de problemas reales, de contextos reales, y de relaciones de confianza que ya existen.
El desafío de la gestión es crear las condiciones para que esa innovación emerja: los espacios para experimentar, los recursos para probar, la tolerancia al error que permite aprender sin destruir valor, y el liderazgo que conecta esa innovación interna con la dirección estratégica de la firma.
Crecer sin perder el alma
Con una tasa de rotación del 9% en una industria donde el promedio supera el 25%, sabemos que nuestra cultura es uno de nuestros activos más valiosos.
Mantenerla mientras crecemos requiere una inversión deliberada en las personas que se incorporan: en cómo las onboardeamos, en cómo las desarrollamos y en cómo las conectamos con los valores que han sostenido esta firma durante casi tres décadas.
Reinventarse no significa empezar de cero. Significa construir el futuro sobre los cimientos que ya existen — y tener la claridad de saber cuáles de esos cimientos son inamovibles y cuáles pueden y deben evolucionar.


