Attrition del 9%: lo que hay detrás de un número que en tecnología parece imposible

Mauricio Monge

Corporate Marketing & Communications Manager, Novacomp

Mauricio Monge

Corporate Marketing & Communications Manager, Novacomp

El promedio de rotación en la industria tecnológica en América Latina ronda entre el 20 y el 30% anual. En algunas empresas de staffing y consultoría, llega al 40%. Es un número que el sector acepta casi como una condición del negocio, como si fuera inevitable que las personas se vayan.

Novacomp tiene un attrition del 9%.
Cuando lo menciono en conversaciones con otros profesionales del sector, la reacción más común es incredulidad. “¿Cómo lo hacen?” Y luego, casi inevitablemente: “Deben pagar muy bien.” El dinero ayuda, claro. Pero no explica un número así. Porque si fuera solo dinero, cualquier empresa con presupuesto podría replicarlo. Y no pueden. Cuando llegué a Novacomp y empecé a entender su cultura desde adentro, encontré algo que no había visto con la misma intensidad en otros lugares: una convicción genuina de que las personas son el negocio. No como slogan. Como práctica operativa. Los consultores de Novacomp trabajan en proyectos que importan, con tecnologías relevantes, en empresas que son referentes en sus industrias. Tienen acceso a formación continua, a certificaciones, a la red de conocimiento que construye una empresa presente en 23 países. Pero más allá de eso — y esto es lo que rara vez aparece en los análisis de retención — sienten que su trabajo tiene consecuencias reales. Eso es lo que más difícil de replicar. No el salario, no los beneficios, no la marca del empleador. La sensación de que lo que hacés importa, de que alguien lo nota, de que el proyecto en el que trabajás va a cambiar algo en una organización real.

El error más común en las estrategias de retención

He visto empresas invertir enormes recursos en beneficios: gimnasios, snacks, días libres adicionales, oficinas diseñadas para parecer startups y seguir perdiendo a sus mejores personas. El problema es que esas inversiones atacan la comodidad, no el compromiso. Y la comodidad retiene a las personas mediocres. El talento excepcional necesita algo diferente: desafíos, autonomía, visibilidad de su impacto y líderes que valgan la pena seguir. Ese último punto es el más crítico y el menos discutido. Las personas no abandonan empresas, abandonan jefes. Es un cliché porque es verdad. Y la consecuencia práctica es que cualquier estrategia de retención que no incluya el desarrollo de los líderes directos es una estrategia incompleta. En mi experiencia gestionando equipos en distintos contextos (medios, agencias, empresas tecnológicas globales), las personas que se quedaron lo hicieron porque sentían que su líder inmediato las veía, las desafiaba y las hacía mejores. No porque el café de la oficina fuera excelente.

Great Place to Work no es una certificación. Es un diagnóstico.

Novacomp es reconocida como Great Place to Work. Y cuando las empresas obtienen esa certificación, la primera reacción es usarla como herramienta de comunicación, en el sitio web, en LinkedIn, en las ofertas de empleo. Eso está bien y lo hicimos. Pero el valor real de ese proceso no está en el sello. Está en lo que la empresa aprende sobre sí misma durante el proceso de certificación. Las brechas que aparecen, los equipos donde la cultura no llega con la misma intensidad, los líderes que generan ambientes distintos al promedio. Esa información, usada con honestidad y compromiso de mejora, es lo que convierte una certificación en una práctica. Y una práctica sostenida en el tiempo es lo que produce un attrition del 9% en una industria donde el 25% es la norma. No es magia. Es cultura construida con intención, todos los días, por personas que decidieron que el entorno donde trabajan vale la pena cuidar.

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